En la noche todos los ojos
se cierran,
hasta que se cierran
por última vez.
Un poco antes
de desvanecerse
de todo hálito,
se mira alrededor,
se respira hondo el moho
de huellas perdidas
en la sonrisa de la soledad.
Toda vereda se vuelve próxima
luminosa, llena de claridad
sin más lejanía
que un próximo paso
cada vez más difícil de dar.
Entonces se está uno quieto
se da tiempo
todo el tiempo del mundo
para percibir las cosas
como si fuera la primera vez:
la silla que sostiene el cuerpo
llena de olor a cigarro y gente,
el humo que sale de la boca
entre palabras
y bocanadas azules,
como si nacieran sirenas.
Todos los murmullos
chocan contra las paredes
rebotan en los oídos
como la música del último compás.
Y los sabores:
la lengua tibia que danza
en el sabor amargo
de la cerveza,
el gusto metálico
de cada frase
articulada con tal precaución
de paloma herida
que todo se vuelve una certeza
ya nada más importa.
Ahí, en el vaso que se inclina
en el fondo del último trago
que parece durar para siempre
se encuentran todas las voces
las caras familiares
los corazones rotos
las bocas besadas
las risas, tantas risas.
Todo se cubre de abrazos
y mientras el trago espera su caída
dan ganas de dar un largo parpadeo
con tal arrullo de recuerdos,
como bostezo del tiempo,
en que las horas se fragmentan
en noche sin amanecer.
El trago cae, denso y fatal
llega por fin el parpadeo
y se detiene, para quedarse,
pero es sutil
y deja por un instante flotando
rostros sonrientes
brazos, muchos,
sobre los hombros;
antes de dar paso definitivo
a la quietud
6 de julio de 2009
El último trago
Charco de
Beatriz Pimentel
a la/s
10:59 p.m.
8
Huellas y charquitos
27 de junio de 2009
ENCOMIENDA
Buscando tus huellas,
marchita de espera
de repente sé
que no vas a llegar.
Te perdí en la lejanía
en tu infinita tristeza
más grande que cualquier corazón
más profunda que todos mis besos
Me perdí en la fantasía
en el sueño de ser
tu felicidad
y más bien me volví
otro fantasma en tu memoria
Nos pasamos la vida buscando
como ciegos
en cada rincón
bajo todas las piedras
entre todos los libros
dentro de bares y salones
con el corazón en la mano
y dos dedos de frente
a manera de escudo
o para no ver
ni sentir
la inminente caída.
Buscamos con avidez de hambriento
un refugio donde posar
la esperanza.
Donde aguardar que la certeza
sea menos hueca..
Para sentirnos seguros y
sembrar las gotas de sueños
que le restan al pesimismo
Esperando que crezcan
y curen todas las heridas.
Charco de
Beatriz Pimentel
a la/s
9:37 p.m.
1 Huellas y charquitos
20 de abril de 2009
DICHOSO AQUEL
En que no se pensara
Más que en la cornisa iluminada
Para dejar un ramo de flores
Sin pensar cuántos seños fruncidos
Cuántas caras amargas
Si uno agrada o no
Sin pensar en la siempre presente
Posibilidad del fracaso
Y qué dichoso día ocupado sólo
En conseguir alas de terciopelo
Y clases de vuelo a ras de tierra
Para vivir flotando
Dejar que el soplo veraniego
Transforme los brazos
En papalotes azules
En circunstancias y coincidencias
Qué bello lavarse las manos
No lijarse la conciencia
Con la izquierda o derecha elegida
La tierra que tomaron las manos
No pensar
No sudar
No penar
Que arrepentirse y perdonar
Se fundieran en el equilibrio
Perdido en todas las bocas
Todos los rencores y cobardías
Dichoso sería
Sacarse las piedras y el mal deseo
De la espalda
El pasado del pecho
Las grietas de las palmas
Dichoso sería
Cerrar los ojos
No encontrarse en el mundo
Sino dejarse encontrar
Sin deber tantas lágrimas
Y huesos rotos
Al tiempo.
Charco de
Beatriz Pimentel
a la/s
4:50 p.m.
8
Huellas y charquitos
18 de marzo de 2009
El Pasado No Perdona

Llama el piso después del tumulto cotidiano.
Se siente el clamor de la alfombra
bajo dedos mudos y viajeros.
En la soledad de la habitación
el aire estático es cómplice
de segundos que duran horas,
de silencios que no llegan
retrasados por murmullos de calle
y los latidos incansables
del pensamiento.
La cama, la silla, el librero,
hablan a voces polvorientas
de otras soledades compartidas,
cuando las palabras se volvían sombras
y las sombras suspiros.
Páginas no escritas salen del cuarto,
un temblor inmaduro restriega los ojos
y los vuelve tinta
en el papel de mi rostro.
Escribe en mis párpados
las cenizas de otros ojos
los guiños fugados de otras miradas
que en la presente quietud
se diluyen hasta formar espasmos.
La duda cae como hoja seca,
llena el cuarto con su aroma
a melodías tiesas, tacto suspendido
apresado en la imposibilidad.
Los besos no dados,
son savia de sueños perdidos,
nombres difusos
infinitamente lejanos,
que hacen de mi lengua arena
y de mi olvido, barro.
Las frases no dichas
son fruto marchito de principios
que entre exilios y fugas
nunca encontraron puerta.
Ahora todo se amontona,
se revuelve, se hace añicos
entre el mutismo y el polvo.
Se eleva hasta hacerse uno
con los rayos de sol
que apenas traspasan la cortina,
como si se trataran
de la calma distante,
aguardando
la rendición
a lo irreversible.
Charco de
Beatriz Pimentel
a la/s
4:27 p.m.
4
Huellas y charquitos
13 de enero de 2009
Atisbo de sinceridad
Y las palabras se me escurrieran
de labios insolentes
como partículas de aire
sin ver, sin sentir, sin querer.
Buscando sin embargo pintar
en mi grito el eco del tiempo,
el malestar prolongado
del silencio prisionero
en el fondo de las entrañas.
destruirían con miradas húmedas
cualquier resquicio de prudencia,
como gaviotas que en su vuelo
cargan el graznido inevitable
presagio de marea alta.
Si me vistiera el descaro
tendría con qué limar
la carroña sumergida en la piel
a través de los años,
tapiada por discreción,
por sonrisas resignadas
y caricias desiertas.
y desplegar en plena calle
su estruendo de campanas,
hasta quebrar las caras
de los paseantes sin rumbo,
robarles el alba con mi insomnio
de noches fingidas.
de una vez por todas saber
si en la mirada más solemne
y en el súbito golpe de verdad,
sólo asoma la vieja puerta
de la rutina indiferente,
el mismo tronco seco;
o si en la explosión
se encuentra realmente el atajo
empedrado de pequeños anhelos,
hacia el respiro.
Charco de
Beatriz Pimentel
a la/s
12:13 p.m.
1 Huellas y charquitos
13 de noviembre de 2008
Ruta de Mudos
Del camino se libera un silencio de vacío.
Fluye en la ausencia
el barullo mudo de otras banquetas,
la finitud de otras noches,
llenas de lunas roídas
por la incertidumbre
Como si de las puertas
se desprendiera un hueco
que transparentara esperanzas
y hubiera alguien que susurrara
que en cada esquina
el ardor del desaire queda impreso.
En cada farol se petrifica el aire
lleno de siluetas sin rostro,
dudas ya sin tiempo,
como si una mueca de verdad
se desprendiera de lo absurdo.
Que rara sensación
la de hallar en las sombras
la propia luz perdida.
Charco de
Beatriz Pimentel
a la/s
3:22 p.m.
4
Huellas y charquitos
2 de septiembre de 2008
Pendientes
colgando como viñedos maduros,
en sutil tintineo
de caricia ahogada
por la prisa de la rutina.
Los aretes se agitan y brillan,
lanzan un guiño a las miradas.
Gritan con lengua gris
y convocan una misa de reinas
en un cuello largo cual suspiro;
para abanicar perfumes de piel
a los fieles creyentes
de las cosas sencillas.
Qué elegancia transportan
en el regazo que adorna ideas
elevándolos
primero del barbarismo,
la vulgaridad,
hasta la realeza.
Cuánto oyen esos esclavos
colgando de un segundo oído,
parido con dolor a través de siglos
en aras de la belleza.
En secreto murmullo se deslizan
por las curvas de la quijada
enredándose en el cabello,
como si en la sonrisa del coqueteo
asomara un hueco de melancolía.
Charco de
Beatriz Pimentel
a la/s
4:01 p.m.
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Huellas y charquitos